Clásicos de otras tierras

  Hay quienes dicen que un clásico en el fútbol es uno de los momentos de mayor éxtasis deportiva que se puedan vivir. En un partido conviven el deseo de ganar y las ansias de hundir al otro, al rival de toda la vida. Aquellos que llevan el morbo al extremo, dicen que se juega el honor y (en un súmmum de la exageración) la vida. 
Hay mil historias de hinchas, que después de una dura derrota contra su rival, prefirieron hacer una cuarentena auto exigida, para no cruzarse con sus vecinos rivales. Claro, porque cuando uno piensa en clásicos, enseguida se nos vienen a la mente los clásicos de barrio o de ciudad. Esos clásicos donde los dos equipos conviven en un mismo espacio geográfico, y donde en cada partido, se pone en juego ser el dueño de…(y aquí complete con la palabra “barrio”, “ciudad”, “provincia”).
  Pero, ¿Qué pasa con aquellos clásicos donde no se comparte un lugar? Claro está que hablamos de equipos de un mismo país, pero no de una misma ciudad. ¿Puede ser tan intenso el encono, la rivalidad, o para decirlo más coloquialmente, la pica? ¿Cómo surgen los clásicos en lo que no se ponen en disputa el honor de ser el ganador del pueblo? Vamos a analizar y a demostrar que son muchos los casos en el mundo, donde los clásicos más importantes de un país no son representativos de una ciudad o una región, sino que se ponen en disputa otras cuestiones.
Yo tengo el poder
  Si hablamos del clásico más importante de la Argentina, sin dudas se nos viene a la mente los dos equipos más poderosos e históricos: River y Boca. El famoso súperclásico, si bien ya trascendió la disputa de una ciudad en común, y es algo bien nacional, tiene sus orígenes en una rivalidad entre vecinos. River nació en 1901, en el barrio de La Boca. Cuando en 1905 se creo Boca Juniors, comenzó un encono deportivo que creció y perduró, aún después de la mudanza de River a Núñez.
  Pero esto nos sirve de ejemplo para contar otros clásicos mundiales, cuya participantes solo comparten entre si dos cuestiones: un país y el anhelo de ser el más poderoso de su tierra. Así, encontramos grandes y numerosos ejemplos donde el clásico de una nación lo protagonizan los dos equipos más poderosos, con más historia y con más hinchas, pero que están distanciados entre si y representan a dos ciudades diferentes. 
  Quizás el clásico más importante y que más morbo ha generado en el mundo en los últimos años es el Barcelona vs Madrid. Este clásico de los clásicos en España tiene tras de sí, una historia de dominio compartido de las competiciones locales. El Barça, con 26 ligas, 30 Copas del Rey y 13 Supercopas de España, es el más ganador local, pero el Real lo sigue con 33 ligas, 19 Copas del Rey y 11 Supercopas. Este dominio casi absoluto de España, los convirtió rápidamente en eternos rivales. A pesar de que ambos tienen sus clásicos regionales (Espanyol de Barcelona y Atlético de Madrid), nada se compara con la rivalidad Barça-Madrid. Y no olvidemos un condimento extra que acrecienta este encono: la eterna lucha independentista de Catalunya, bandera que el Barcelona recoge y representa. Este factor, sumado a que el Real Madrid es el representante del poder central de la capital (equipo siempre relacionado con la casa real, e incluso con el Franquismo), hace aún más profundas las diferencias. 
  Si viajamos un par de kilómetros a la bella Italia, podemos ver otro clásico donde lo que se pone en juego es la historia y el poderío: Juventus de Turín vs Inter de Milán. Ambos son los clubes más ganadores de Italia, y representan el poder, no solo del fútbol, sino de las finanzas. Son los dos máximos exponentes del norte italiano, esa región donde se acumula la riqueza, las industrias y el sector de clase alta. Ambos se disputan, en cada enfrentamiento, no solo ser el más poderoso, sino ser el más rico y el que mejor invierte sus ganancias, Juventus vs Inter representan un enfrentamiento de ricos, donde en cada duelo, se disputan el cetro.
  Siguiendo en tierras europeas, podemos encontrar otro duelo que divide un país, pero no los corazones de una ciudad: Liverpool vs Manchester United. Los reds vs los reds. Este derbi de Inglaterra enfrenta nuevamente a los dos equipos más ganadores, que sin duda se repartieron el dominio desde mediados de los 60 hasta esta parte. Si bien cada uno mantiene un clásico bastante apasionante con un equipo de su ciudad, nada se compara con un Liverpool vs United. Ni el Everton ni el Manchester City han podido nunca equiparar la rivalidad entre los dos gigantes. Vale destacar un dato más que curioso de este duelo: ninguno de los dos representa a la ciudad capital, Londres. 
  Si nos mudamos hacia Europa Occidental, más precisamente a Bélgica, podemos encontrar otro clásico que nada tiene que ver con una ciudad, sino que enfrenta a dos gigantes, y tras de si, enfrenta dos formas de vida. Estamos hablando del Anderlecht vs Standard de Liège. El primero es el equipo de la Capital, Bruselas, y el más ganador de la liga belga. El segundo, es de la ciudad de Lieja, es uno de los clubes más antiguos, dominador de las primeras décadas del profesionalismo. Pero no solo se enfrentan potencias en el derbi belga, sino que se enfrentan dos realidades socioculturales. El Anderlecht es el representante de la burguesía bruselense, mientras que el Standard es el equipo representante de la clase trabajadora de Lieja, ciudad repleta de fábricas y sectores populares de clase media. Si, como siempre, el fútbol es un reflejo de la vida.
 
Clásico se busca
  Ahora bien, ¿Qué pasa cuando un equipo es tan grande, que no puede tener un solo clásico? O pongámoslo así, ¿Qué pasa cuando un equipo necesita más de un clásico, dado su importancia, popularidad o poderío? Hay muchos casos donde el derby más importante de un país va variando según la época, y tiene un denominador común: un club gigante al que le surgen clásicos que le disputan el poder.
  Empecemos por lo que es tal vez, uno de los equipos más poderoso del mundo: el Bayern Munich. Este coloso alemán, híper ganador (61 títulos locales y 11 internacionales), tiene pocos clubes que logren hacerle sombra en su liga. De hecho, es el hepta campeón de la Bundesliga. Si, la ganó de forma consecutiva 7 veces, desde el 2012 hasta aquí. Esta supremacía hace que los rivales de su ciudad o su región queden diminutos. El 1860 Munich o el Unterhaching, los otros dos equipos con cierta relevancia de Munich, nunca pudieron hacerle cosquillas, por lo que el Bayern tuvo que buscar su clásico en aquellos que lograsen disputarle futbolísticamente. Es por esto, que el llamado Derby alemán va mutando según la época. En la actualidad, el gran clásico ”Der Klassiker” es con el Borussia Dortmund, un club que desde comienzos de los 90 creció institucional y deportivamente, siendo un asiduo participante de la Champions, y atreviéndose a pelearle el cetro de la Bundesliga al Bayern. Incluso le arrebató la liga en el 2011 y en el 2012. Pero claro, antes de eso, el Bayern debió encontrar otro clásico. Por eso, el Derby alemán en las década del 60’ fue Bayern vs Nurenberg, luego, en los 70 fue el turno del  Borussia Mönchengladbach y en los 80’ del Hamburgo. 
  Siguiendo la misma tónica, aunque menos cambiante, es la historia del clásico holandés. En los Países Bajos existe un equipo que predomina por historia y títulos: el poderoso Ajax. El mítico equipo de Johan Cruyff es el más ganador por lejos de su país, con 62 títulos locales y 10 internacionales. Durante muchísimos años, y al no existir un rival de porte en su ciudad, la capital Ámsterdam, el Ajax rivalizó con otro histórico, el Feyenoord, de la ciudad de Rótterdam. Pero pronto, las realidades de uno y otro comenzaron a diferenciarse en demasía. Mientras el Ajax dominaba a nivel local y brillaba en Europa, el Feyenoord rondaba la mitad de la tabla y no lograba hacer pie en competencias internacionales. Fue así como, a mediados de los 80’, el clásico holandés cambia de protagonistas. El PSV, el  equipo de la compañía Phillips, comienza a surgir, ganar algunos títulos locales, incluso gana una Copa UEFA, y pronto supera al Feyenoord, no solo en títulos, sino en relevancia. Así, en la actualidad, el gran clásico holandés tiene como protagonistas al PSV de la ciudad de Eindhoven, y al mítico Ajax de Ámsterdam. Los muchachos de Rótterdam tuvieron que conformarse con ser el tercero en discordia.
   Algo similar pasa en Francia. En tierras galas, hay un equipo que reúne las condiciones para ser considerado un grande: es antiguo, es popular y es ganador. Se trata del Olympique de Marsella. Desde su creación, allá por 1899, el Olympique se trasformó en un referente del fútbol galo. Único equipo francés en alzar una Champions, multiganador de la Ligue 1 y con una popularidad tremenda, tuvo que ir mutando de clásicos según el tiempo, debido a una nula importancia de los otros clubes de su región. A través de los años, el Marsella protagonizó el gran clásico de Francia con distintos equipos, dependiendo de quien pudiera, en esa época, disputarle el trono. En los años 30’ y 40’, el derbi era contra el Racing de Paris. Pero este equipo fue perdiendo importancia. Luego, durante las décadas del 50’, las buenas campañas del Sochaux lo emparejaron como clásico, pero también fue perdiendo valor. Surge a mediados de los 60´ una fuerte rivalidad con el Saint Ettiene, que al igual que el Olympique, representaba a una ciudad de clase media, trabajadora, por lo que ambos clubes se arrogaban el mote de ser los más populares. A comienzos de los 80’, debido a una crisis económica y deportiva del Saint Ettiene, surge un nuevo rival para el Marsella: el Girondins de Bourdeos. Este fue el derbi francés, hasta que los 90’ trajo consigo la expansión del negocio del fútbol a niveles descomunales. Las inversiones de empresas privadas en los clubes eran cuenta corriente en Europa, y de la mano de este capital privado, se levantaría una institución que, si bien fuera creada en 1970, recién en la década de los 90’ tomaría conocimiento masivo: el Paris Saint Germain. Este club pronto se convirtió en un poderoso francés, y en el alter ego perfecto del Marsella. El PSG representaba todo lo opuesto al Olimpique: era un equipo forjado a base de dinero, representante de la ciudad más burguesa y snob del país (y quizás de Europa) y sus hinchas, pocos números, eran de una elite social. Allí se creó el derbi perfecto para Francia: el club representante de una ciudad y un pueblo trabajador vs un equipo de y para poderosos. Así nació Le Classique.
 Por la bandera
  Ya vimos dos tipos de clásicos donde no se enfrentan conciudadanos o coprovincianos, sino que lo que se disputan es el poder y la representación. Pero también podemos encontrar otra manera de medir un derbi: por representación de una colectividad. 
   En la Argentina, tenemos una enorme historia de inmigración. Nuestra cultura y costumbres esta cruzada por la diversidad, Influencias italianas, españolas, armenias, árabes, etc, fueron conformando la sociedad argentina desde principios del siglo XX. Y estas colectividades se integraron al país, entre otras muchas maneras, a través del fútbol. Es así, que se fueron creando clubes que representaban a esos pueblos. Y como era de esperar, esos clubes encontraron la rivalidad entre sí. Fue así que nació el clásico de las colectividades.
  Este clásico en nuestro país, tiene como protagonistas a los dos clubes representativos de las dos mayores masas migratorias en la Argentina: la italiana y la española. El Sportivo Italiano, por un lado, y el Deportivo Español, por el otro, se disputan en cada enfrentamiento, el honor de ser la colectividad más importante del país. Claro esta que la rivalidad nada tiene que ver con una ciudad o un barrio. El Sportivo Italiano tiene su sede en Vicente López y su cancha en La Matanza. Por su lado, el Deportivo Español estableció su cancha en el barrio porteño de Bajo Flores. Claramente, la disputa es por representar una bandera.
   Lo mismo vemos del otro lado de la cordillera, en Chile. Allí, se disputa el clásico de las colectividades italianas y españolas. Con el Audax Italiano y el Unión Española como representantes. Si bien ambos son de Santiago, la rivalidad no viene por una cuestión de territorio, ya que el Audax es del sur de Santiago, y la Unión del Norte. Su rivalidad, al igual que sucede en nuestro país, es por erigirse como la colectividad más dominante. Lo que se dice, una disputa por la bandera.
Herencia clásica
  Volvemos ahora a Europa, para analizar un clásico bastante particular, además de caliente y popular: el derbi de Croacia. Para entender el contexto, debemos hablar de este país como uno de los 7 que se conformaron luego de la disolución de la ex Yugoslavia. Junto a Croacia, conformaban este territorio Serbia, Eslovenia, Bosnia Herzegovina, Macedonia, Montenegro y Kosovo. Digamos que una zona con diferentes etnias, culturas, religiones, que era obligada a convivir a la fuerza.
Volvamos al fútbol. Dentro de este territorio en constante disputa, se llevaba adelante la liga yugoslava de fútbol, que era una especie de mini champions balcánica, ya que enfrentaba a los equipos más representativos de cada territorio, que mucho antes de la disolución formal, ya no se sentían parte de Yugoslavia. Así, en una misma liga, convivían distintos equipos muy poderosos, que generalmente traían tras de si, todo el respaldo de un territorio. En cada enfrentamiento, se ponían en juego enfrentamientos culturales y enconos de todo tipo. Esta liga era escandalosamente dominada por cuatro equipos: el Estrella Roja y el Partizan, ambos de Belgrado, la que hoy es la capital de Serbia y el Dinamo de Zagreb y el Hajduk de Split, ambos de lo que hoy es Croacia. Cuando decimos “escandalosamente dominada”, no es una exageración: entre estos cuatro clubes habían ganado 41 de las 47 ligas que se habían disputado.
   Yugoslavia se disolvió formalmente en 1991, y con ella la Liga yugoslava. 
Era hora de que cada nuevo país disputara sus nuevas competencias. Y así, tanto el Dinamo Zagreb como el Hajduk Split, que durante casi 50 años se había disputado el poderío con otros dos equipos, ahora se encontraban ante la posibilidad de ser amos y señor de su propio y joven país. Y cada uno iba a hacer lo imposible por reinar. Así nació el nuevo viejo clásico de Croacia. Los dos gigantes del país naciente, ya sin la rivalidad con las potencias serbias, se disputan el poderío de país. Cada uno representando una ciudad y una idiosincrasia diferente. El Dínamo, representante de la ciudad capital, donde reside el poder económico y político, y el Hajduk, la insignia de la ciudad de Split, repleta de obreros de clase media. Además, sumemos un ingrediente no menor: el Dinamo está reconocido como un equipo relacionado con el nacionalismo extremo y la derecha croata, mientras que el Hajduk, con el socialismo y la clase obrera. Clásico por donde se lo mire.
A povo sou eu
  Para cerrar, viajemos nuevamente a tierras de la patria grande sudamericana. Más precisamente a Brasil. En la cuna del carnaval y de la samba, se vive un clásico donde no se pone en juego una ciudad, sino algo mucho más grande: el fervor popular. Hablamos del Clássico do Povo o el clásico del Pueblo, que enfrenta al Flamengo de Rio de Janeiro y al Corinthians de  São Paulo. ¿Dónde nace la disputa en este clásico? Sencillo, es que ambos se disputan el trono de ser el equipo más popular de Brasil. Y decimos popular en el sentido más amplio de la palabra. Tanto en lo representativo, perteneciendo sus hinchas a los sectores mas humildes de todo el Brasil, como en lo numérico, ya se que calcula que tanto el Mengao como el Timao cuentan con más de 30 millones de hinchas por todo el país, cada uno. O sea, que cada partido entre estos equipos atrae la atención de más de 60 millones de hinchas, casi el 30% de la población total del Brasil. Un verdadero clásico popular.