León de América

“A la gloria no se llega por un camino de rosas” leyenda marcada con sudor y sangre en el corazón de los pincharratas. Es la piedra fundacional de una escuela futbolística que en su tiempo fue pionera, y pasando los años terminó siendo una forma de ver el mundo y la vida. Lo cierto es que esas palabras fueron escritas por Zubeldía en tierras inglesas, en un pizarrón en el vestuario visitante del Old Trafford, catedral del fútbol. Pero bien pueden ser utilizadas para explicar cómo un 16 de Mayo pero de 1968 uno de los equipo denominados “chicos” llegó a consagrarse campeón del torneo más prestigioso del continente, la Copa Libertadores de América.
 Con mucho trabajo y “laboratorio”, como se pregonaba peyorativamente al labor táctico de Osvaldo Zubeldía, un adelantado para su época, fue capaz de agarrar un equipo que 4 años antes se salvaba del descenso por un punto para hacerlo jugar la final de la copa contra uno de los equipos que mejor trataban la pelota, que mas efectivos eran en su época y que tenía grandes jugadores. Este equipo era el Palmeiras de Brasil.

Los 11 que salieron a defender al pincha en la primer final en La Plata

El camino a la final, como advertía el inicio de la nota, no fue fácil. Estudiantes había entrado no por ganar el metro 67, sino por el subcampeonato invicto del 68. El sorteo no lo favoreció. Aquel grupo, que le había tocado, lo integraban Independiente, con un gran equipo y experiencia en las copas, y dos equipos colombianos Millonarios y Deportivo Cali, ambos muy fuertes mas que todo de local. Así fue esta gesta que comenzó un 27 de Enero. Con mucho esfuerzo y trabajo, garra y corazón, táctica y técnica, el equipo pincharrata logró posicionarse puntero con 11 puntos. Producto de 5  partidos ganados, como aquel 4 a 2 en avellaneda contra Independiente o un 2 a 1 contra Deportivo Cali en tierras cafeteras, y un solo empate (contra millonarios 0 a 0 en La Plata). Junto al pincha paso independiente (con 5 puntos) a la siguiente fase, dejando a los colombianos en el camino. 
La segunda fase se trataba de otro grupo, el grupo A. El cual  Estudiantes compartía con Independiente, nuevamente, y con Universitario de Perú. En este grupo el pincha también terminó puntero ganando 3 de los cuatro partidos y perdiendo solo uno contra Universitario, en Perú. El verdugo de Estudiantes fue Víctor Lobatón. Era tiempo de empezar a jugar las llaves definitorias, en partidos eliminatorios a todo o nada.
Ya en la semifinal se dió un choque épico entre dos equipos argentinos que por aquellos años tenían una rivalidad deportiva marcada y donde cada partido era una batalla. Estudiantes se encontraría con Racing para ver quien disputaba la tan ansiada final. Racing venía de salir campeón del mundo meses antes. Era el Racing de “José” Pizzutti y que contaba en sus filas con grandes figuras del fútbol argentino como “Coco” Basile, “el mariscal” Perfumo, “Bocha” Maschio, el “Chango” Cárdenas y el “Panadero” Díaz entre otros.

La revista El Gráfico mostró el pizarrón donde Zubeldía marcaba el ritmo emocional del equipo 

Por esos tiempos las fases eliminatorias en la Libertadores era a dos partidos, de local y visitante, con un tercero en caso de necesitar desempate. La diferencia de gol no corría para los dos primeros partidos pero sí una vez jugado el tercer encuentro. El primer Match se jugó en Avellaneda con un 2 a 0 para Racing. Los goles de Maschio y Perfumo. No fue así el partido de vuelta donde, en 1 y 55, Estudiantes se impuso 3 a 0 gracias a las conquistas de Fucceneco y, cuando no, Verón en dos ocasiones. Esto obligó a un tercer juego, a disputarse en estadio neutral. Este sería el estadio de River Plate. Aquel día terminó 1 a 1 con goles de la “Bruja” de chilena y Cárdenas para Racing. Este empate en el monumental hizo que Estudiantes se convirtiera en finalista de una copa internacional por primera vez en su historia. Ahora si valía la diferencia de gol. 
Llegaría la hora de la verdad un 2 de Mayo en la cancha de Estudiantes. La primer final fue para el local por 2 a 1. El marco del Jorge Luis Hirschi era de jolgorio y algarabía total. Más que una final de copa, se jugaba toda una generación que quería hacer historia, no solo en el club si no en el fútbol argentino. Los primeros en golpear fueron los brasileños, con gol de Servilio se impusieron por la mínima hasta que faltando siete minutos quien mas si no, la eterna “Bruja” Verón marcaba el empate en, segun dicen, uno de los goles mas lindos del torneo. No hay registro fílmico de este partido, pero esos tres jugadores eludidos por Juan Ramón, y ese tiro certero al arco quedarán en la retina de los hinchas que se acercaron una fría noche de Mayo a ver al pincha. El cuento tuvo final feliz, pero tuvieron que esperar hasta los 88 minutos jugados, cuando el “Bocha” Flores marcó el 2 a 1 definitivo. Y con eso desbordó el alma albirroja de esperanza y confianza para la revancha en tierras brasileñas.
El Pacaeanbú estaba repleto, aquel 7 de Mayo, para ver si la copa se la llevaban los argentinos o si habría un tercer encuentro. En Brasil la historia no fue amena con estudiantes. El cotejo terminó 3 a 1 para el Palmeiras con goles de Tupazinho en dos ocasiones (el primero un soberbio tiro libre) y Rinaldo de penal. Para los pincharratas fue su eterno goleador el que no dejó el arco en cero de los de verde. Juan Ramón Verón que había puesto el 1 a 1 parcial. Este resultado hizo  que se jugara un desempate. Al igual que en la semifinal Estudiantes tendría que jugar un tercer partido.
Estaba todo listo aquel 16 de Mayo de 1968. El match sería en tierras charrúas, en el estadio neutral del Centenario. Aquel estadio que hacía varios años estaba acostumbrado a ser testigo de grandes finales, lo sería una vez más y de una tan especial para la mitad de la ciudad de La Plata. En este caso Estudiantes levantaría la copa luego de un partido vibrante donde se luchó y se jugó, se corrió con alma y vida, y donde el corazón pesó más que el cansancio. El equipo apareció  con el temperamental Polletti, dueño del arco pincha, “Cacho” Malbernat, el eterno capitán, Aguirre Suárez y Madero, dueños de una garra enorme que muchas veces cambiaban por violencia (muy común en el fútbol de esos tiempos). Medina cerraba la línea del fondo. En mitad de cancha jugaban el “Narigón” Bilardo, historia viviente del fútbol y del pincha, junto con Pachamé. Más adelante se posicionaban Ribaudo, Conigliaro, el “Bocha” Flores y la figura, la “Bruja” Verón. Así empezó, pero terminó todo con un 2 a 0. El primer gol a los 13 minutos de Ribaudo gracias a un quite magistral de Pachamé. Y para sellar el partido y la gloria, a los 36 del segundo tiempo Verón con un golazo puso el 2 a 0 definitivo. Final, festejos y alegría en Montevideo que se replicaron en La Plata. Estudiantes ganaba la primer copa internacional y daba inicio a una era de gloria y mística que quedaría marcada en la historia del fútbol argentino. Es el nacimiento de una escuela y una forma de ver la vida. Si, estuvo marcada por cuestiones alejadas del fútbol y más cercanas a actitudes controversiales, pero eso lo dejaremos para otro día. Hoy festejemos y celebremos la primer copa Libertadores de Estudiantes de La Plata, ganada con mucho esfuerzo y trabajo y donde el llegar a la gloria no fue un camino de rosas.

La copa volviendo a Argentina