Cantona, la persona justa

  Hay quienes dicen que para ser una leyenda, o que tu nombre se transmita de generación en generación, en definitiva, para trascender, se necesita ser la persona adecuada, en el momento justo y en el lugar indicado. Pocas personas encajan mejor en esa definición que el gran Eric Cantona. El francés hizo de su nombre un sinónimo del talento, la rebeldía, la irreverencia. Fue, es y sera bandera. Adorado en Manchester, pero muy querido y respetado por los futboleros de ley. ¿Qué hizo que este crack consiguiera un lugar en el corazón del futbol? Empecemos de a poco, a conocer sus orígenes, y como se fue convirtiendo en mito.
Entre la clase trabajadora
   Los orígenes de las personas, muchas veces, suelen explicar posturas y formas de ser futuras. Eric Daniel Pierre Cantona nació un 24 de mayo de 1966 en los suburbios de Les Caillols, un barrio muy humilde de la populosa Marseilla. Como la enorme mayoría de la población del lugar, la familia Cantona era gente de clase media baja, muy humilde y extremadamente trabajadora. El padre de Eric, Albert, era un enfermero de oficio, que trabajaba también de pintor en sus ratos libres. La madre, Eleonore, era una costurera. Eric creció en una familia de clase obrera, con orígenes de lucha y resistencia, ya que la familia Cantona tenía orígenes catalanes, y habían llegado a Francia huyendo del fascismo de Franco. 
  Eric Cantona supo de bien chico lo que eran las desigualdades sociales y lo que significaba la lucha diaria de los trabajadores. En las calles de Marsella convivían dos pasiones: la discusión política y el futbol. Y pronto Eric se destacó en ambos. Ya de muy chico, rodeado de los jóvenes de su barrio, muchos mayores que él, fue forjando un conciencia de clase, pero a la par, iba demostrando unos dotes poco habituales para el futbol. Dueño de un físico bastante imponente para su edad, el joven Cantona, con tan solo 14 años, comenzó a llamar la atención de los clubes de toda Francia.
   Fue a esa edad, que jugando un torneo de infantiles para su club, el humilde Sports Olympiques Caillollais, fue tentado por dos clubes de primera: el Niza y el Auxerre. Pero fue el pedido expreso de Guy Roux, histórico técnico del Auxerre, que inclinó la balanza para que el niño Eric termine fichando para ese club. Fue así que comenzaba su carrera.
Nadie es profeta en su tierra
 El futuro en el futbol galo parecía brillante para Eríc. Con 14 años, ya había sido disputado por dos equipos de primera. Cumplía sus primeros años en las divisiones menores del Auxerre con tremendo éxito: goleador en su categoría, brillaba en cada torneo y llamaba la atención cada vez más de los grandes de Francia. Guy Roux, con una mirada paternalista, decidió cuidar un poco a la joven promesa. Luego de subirlo a Primera en 1983, con solo 17 años, decidio cederlo al Martigues, de la segunda división. Roux le daba el empujón que Cantona necesitaba. En ese equipo, Eric se convirtió en referente, por su futbol y su personalidad tan fuerte a pesar de su corta edad. 
   El buen paso en el Martigues hizo que Cantona volviera con todas las luces al Auxerre, donde firmaría su primer contrato. En sus primeros años como profesional, llegaría el reconocimiento de todo el futbol francés, que veían en este joven portentoso pero con un dominio de pelota y una visión de juego digna de un enganche, un futuro promisorio en la Selección Mayor. Y así fue que en 1987, con solo 21 años, le llegó la primera convocatoria para Francia.
  Todo brillaba para Cantona. La ofertas llegaban, y el Auxerre veía con tristeza como su joya más preciada dejba sus filas. El poderosísimo Olympique Marsella ganó la lucha ante el PSG y el Mónaco, y fichó a Cantona. El joven humilde de familia trabajadora volvia a su ciudad, pero ahora como figura de selección.
  Pero como bien dice el dicho, nadie es profeta en su tierra. Los problemas comenzaron a llegar a la vida profesional de Cantona. Su personalidad fuerte y contestataria, comenzaba a chocar con la del técnico del Marsella  Gérard Gili, con quien tuvo varios enfrentamientos. Además, Eric estaba enfrentado con varios pesos pesados del plantel del Marsella, como Jean-Pierre Papin, Alain Giresse y Jean-François Domergue, que no les gustaba la fuerte personalidad de este joven recién llegado. Como frutilla del postre, la figura del controvertido empresario Bernard Tapie, que comandaba al Marsella por esos años, enojaba mucho a Cantona. Tapie era todo lo que Cantona detestaba: un empresario multimillonario que vivía de la explotación del trabajador y que pensaba que todo tenía un precio.
   En ese contexto, Cantona sumo un nuevo peso a su mochila. Una pelea pública con el entrenador de la Selección Nacional, Henrí Mitchell. El DT decidio no convocarlo para las eliminatorias para Italia 90’. Eric, sin medias lenguas, lo llamo “saco de mierda”. Este exabrupto le costó su exclusión de cualquier convocatoria de la Federación Francesa de Futbol.
   La estadía en Francia de Cantona era un martirio. Había pasado de ser la promesa francesa y la joven figura del Marsella, a estar excluido de la Selección, y a ser prestado a otros clubes, como el Montpellier. Eric meditaba dejar todo. El futbol se estaba convirtiendo en un martirio. Pero llegó a su vida otro crack francés, y leyenda del futbol mundial: Michel Platini
El momento justo y el lugar indicado
   Platini era, hasta ese entonces, el ídolo futbolístico indiscutido de una Francia que no tenía grandes logros a nivel selección. Mejor jugador europeo, ganador de Balones de Oro (cuando todavía se entregaban exclusivamente a nacidos en el viejo continente), el bueno de Michel decidió que, una vez retirado, iría por un nuevo desafio: dirigir a la Selección Mayor. En el momento que Platini asume como DT, la vida profesional de Cantona se encaminaba a un retiro temprano. Francia le había dado la espalda. Estaba peleado con su club y con la Federación Francesa. La prensa gala hablaba más de su rebeldía y su indisciplina que de su talento. Pero el nuevo ilustre DT de Francia sabía que en esta joya indomable había un futuro de gloria. Por esto, Platini empezó un doble trabajo de convencimiento. Por un lado, convencer a Cantona de no dejar el futbol, sino de cambiar de aire, Buscar nuevos horizontes futbolísticos. En definitiva, salir de Francia para volver a ser. El otro trabajo de convencimiento fue con la Federación. Haciendo uso de su nombre, logro convencer a los popes de la FFF, que condonaran el castigo de Cantona, que el se encargaría de encarrilarlo. 
   El peso de las palabras del, hasta ese entonces, intocable Michel Platini, lograron cambiar la vida de Cantona. Eric ya no tenía una sanción que le impedía vestir de Le Bleu, pero ahora tenía que buscar un nuevo destino. Y aquí comienza el encuentro del lugar indicado.
   Un joven talentoso pero díscolo francés de 25, que había tenido problemas disciplinarios en cada club y hasta en la Selección, no era justamente una tentación, pero un entrenador ingles de larga trayectoria y muy buen ojo, decidió apostar por el. Howard Wilkinson estaba al mando de un Leeds United que se había armado para pelear la permanencia, pero poco a poco se estaba consolidando como un equipo de temer. Decidido a dar el batacazo en la última ronda de la Liga Inglesa, Wilkinson aposto por el temperamento y la clase de Cantona. Y no falló. En solo 15 partidos que disputo de este torneo, el Francés se convirtió en líder y figura, anotando solo 3 goles, pero demostrando una claidad como armador y asistidor. El Leeds se coronaba por tercera vez en su historia campeón de la First Division. Y Cantona se ganaba toda la atención de Inglaterra.
   La Liga Inglesa comenzaba en ese año 1992 una nueva etapa. La First Division se despedía, y daba paso a la poderosísima Premier League. Mayores ingresos por televisión y por sponsor acompañaban este nuevo proyecto. Los equipos más poderosos de Inglaterra vieron incrementadas sus arcas, y todos querían armarse para pelear este nuevo torneo.
   Cantona disputo esta primea Premier con el Leeds, dado que el club hizo un esfuerzo enorme por retenerlo, pero pronto iba a llegar una oferta imposible de desechar. El poderoso Manchester United, por pedido expreso de Sir Alex Ferguson, compraría a la figura francesa.
   Ahora sí, el lugar indicado era Manchester. Y también era el momento justo. El United comenzaba un proceso de cambios profundos de la mano de un brillante y metódico Ferguson. El escoces estaba comenzando a armar un equipo de leyenda, donde combinaba jugadores ya establecidos en primera, como   Peter Schmeichel, Denis Irwin y Paul Ince, con jóvenes de la cantera, como David Beckham, Ryan Giggs, Nicky Butt, Gary Neville,  Phil Neville y Paul Scholes. Era el momento justo en el lugar indicado. Y Cantona fue la persona indicada.
   Eric enseguida se acopló de mil maravillas al United. Se sintió querido y valorado por su DT, se sintió líder de sus compañeros. Se sintió referente de la gente. Se sintió vivó.
   En el United, Cantoná se reencontró con un lugar donde expresar su talento, su rebeldía, su desfachatez. Volvió a la Selección, pero irónicamente, Platini ya no estaba en el banco, que ahora era ocupado por Gérard Houllier. Fue partícipe de uno de los mayores golpes de la Selección Francesa: luego de unas Eliminatorias complicadas, los galos, comandados por Cantona, quedarían afuera del mundial 1994. El crack asimiló el golpe, pero se decidió a seguir triunfando en la que era su casa: el United. 
   El momento, el lugar y la persona ya se habían encontrado, pero faltaba un elemento más para convertirse en leyenda. Una leyenda que trascendió el deporte. Un hecho que lo catapultó a ser repudiado por algunos, pero que lo hizo ser amado por la mayoría. Vayamos al punto de quiebre.
Pegarle a un fascista
  El 25 de enero de 1995, el Manchester United, campeón vigente de la Premier, visitaba Londres para jugar contra el Crystal Palace. El ambiente en el Selhurst Park estaba muy caldeado. El partido tomaba intensidad y las tribunas insultaban de todas las formas posibles a las figuras de los Reds. Andy Cole, compañero de ataque de Cantonpa, había sido victima de numerosos insultos racistas. Cantona había reaccionado varias veces ante esto, pero no encontraba respuesta en el arbitro. Tal vez cargado por esta situación, el francés entró muy duro al rival, por lo que vio la roja. Camino a las duchas, un fanático local se acercó hacia Cantoná, y haciendo gala de una ignorancia y un odio supremo, lo insultó y le dijo que se fuera a su país. El francés reacciona. Tal vez como habríamos reaccionado muchos de aquellos que no toleramos la xenofobia. Pero lo hizo de un modo que solo el podía hacerlo: de manera única, para que nadie lo olvide. Salto las vllas publicitarias y le tiro una patada voladora al pecho del xenófobo. La policía tuvo que intervenir y se llevó a Cantona al vestuario.
   El hecho fue un sacudón al status quo ingles. Significaba no solo un acto de indisciplina, que debía ser castigado, sino que obligaba a ver los motivos que llevaron a ese acto. Significaba poner en el tapete los continuos actos de xenofobia y racismo que se viviena en las canchas inglesas. Con su patada, Cantona había destapado una olla.
   La Federación Inglesa sancionó al Frances con ocho meses de parate, pero a la par, expulsó de por vida al hincha del Crystal Palace. Tambien estableció penas mpas duras antes hechos de xenofobia y racismo. Cantoná marcaba un precedente. 
  Eric tuvo apoyo de sus colegas. Ferguson dijo Cantona “fue insultado de forma intolerable y reaccionó instintivamente”. La prensa inglesa hablaba de un nuevo ídolo popular. Cantona se convirtió en bandera de las minorías. Cuando le preguntaron si estaba arrepentido, dijo “jamás, patear a un fascista no se saborea todos los días”.
    Cantona cumplio la sanción. Nunca volvió a la selección francesa. Pero si pudo volvr a disfrutar en su casa, el United, donde era ídolo, amado por todos. Y en cada visita a otro estadio ingles, sentía el respeto los rivales. Se había convertido en referente.
Hay un después
   Cantona se retiró del futbol en 1997, con todo el amor de Manchester, y el reconocimiento y admiración de Inglaterra. Comenzaba una nueva etapa. 
   Luego de un breve paso como dirigente deportivo del Cosmos de New York, Cantona se dedicó a explorar su veta actoral. Actuó en varias películas y series francesas. Incluso podemos disfrutarlo en la actualidad, descociéndola como en su épocas de jugador, pero ahora frente a la cámara, en la brillante serie “Recursos inhumanos”.
   Cantona nunca cambio. Siempre fue ese joven humilde, rebelde, contestatario, que no se arrodillaría ante los poderosos. Fue vocero de varias causas nobles, denunciando las atrocidades del sistema financiero mundial, o criticando las políticas migratorias de las grandes potencias.
   Cantona fue un talentoso que supo usar ese talento para cambiar una parte del mundo. Cuando voló para pegarle a esa fascista, junto con el volaron muchos, y fue la voz de los que no podían ser escuchados. Eso lo hizo y lo hace un crack. Chapeau. Eric.