De zurda (clubes de izquierda en el mundo)



"Hay gente que piensa que el fútbol es una cuestión de vida o muerte, no me gusta esa postura. Es mucho más que eso". El dueño de esta frase es Bill Shankly, entrenador del Liverpool campeón de todo en la década del 60’. Tal vez la frase roce la exageración, pero no podemos decir que es una falacia. Desde su surgimiento y su expansión por el mundo, el fútbol no solo se ha vuelto el deporte más popular e inclusivo del mundo, sino que se ha convertido en una forma de dirimir mucho más que un resultado. En un partido pueden encontrarse en disputa el honor de una ciudad, la salvación personal  colectiva, y en muchas ocasiones, se enfrentan ideologías.
   Los clubes de fútbol, siguiendo esta línea, muchas veces son más que simple instituciones. Sus colores no solo representan a una ciudad, un barrio o una provincia, sino que simbolizan una idea, una forma de vivir, de pensar, de ser. En definitiva, muchos clubes llevan tras de si una carga ideológica que los define, que les da identidad. Los hinchas levantan las banderas de su club, orgullosos de que representen mucho más que a un equipo.
  En el mundo hay miles de ejemplos de clubes de fútbol que representan una ideología política, una corriente de pensamiento. Una forma de ver al otro y a la sociedad. Haremos un racconto de algunos clubes cuya concepción abarca más que solo fútbol, sino que generan una simbiosis con la sociedad desde un lugar de compromiso político e ideológico. Vamos a detenernos a varios instituciones orgullosamente ligadas con la izquierda, en sus distintas variantes: el comunismo, el socialismo, los movimientos revolucionarios y/o los ideales de igualdad e inclusión. Repasaremos también a sus hinchadas, que no piensan que el fútbol es solo un deporte, sino que es una forma de vivir.

_Bella Ciao
  En el centro de la bella Italia, se levanta la aún más bella región de la Toscana. Lugar emblemático que combina la antigua e histórica Italia con el avance de la modernidad. Región turística por excelencia, entre sus ciudades más importantes se destacan Florencia, Pisa y Siena. Lejos del glamour y esplendor de sus vecinas, hay una ciudad de esta región que decidió destacarse no por atraer turistas o ser el lugar de veraneo de empresarios ricachones, sino por ser la cuna y refugio de los trabajadores: Livorno.
  La ciudad, antes llamada Liorna, se encuentra a orillas del Mediterráneo, y tiene una población de algo más de  160 mil habitantes. Al diferencia de sus vecinas famosas, Livorno se destaca por ser una ciudad portuaria, con una clase trabajadora, que no vive del turismo, sino de la producción marítima, las refinerías de petróleo y la producción metal mecánica.
  Este pueblo de trabajadores está marcado por dos hechos que, si bien no están relacionados el uno con el otro, con el paso de los años fueron hermanados, hasta hacerse uno. El primero se dio el 14 de febrero de 1915, con el nacimiento de la Associazione Sportiva Livorno Calcio. El segundo, pocos años después, se dio el 21 de enero de 1921: la creación del Partido Comunista Italiano. Estos dos hechos marcaron para siempre a la ciudad, y le dieron su identidad.
  El AS Livorno se convirtió para siempre en el club de los trabajadores. Hermanado con el PCI, fue refugio y salvoconducto de lucha y resistencia durante los duros años del fascismo italiano de Benito Mussolini. Sus hinchas adoptaron al club como una forma de vida, una identidad. Los colores bordo de su camiseta fueron sinónimo de revolución, de rebeldía ante la opresión fascista.
  El Livorno tuvo que resistir a la presión y los embates de los Fascistas, que lo veían como un foco de insurgencia. Con el PCI proscrito, el club se convirtió en el lugar de encuentro de los militantes de izquierda. Fue el faro de esperanza. Con la ciudad como sede, la Resistencia Italiana (también llamada Resistencia Partisana) combatió al régimen fascista.
   El club siempre fue una isla con respecto a sus pares italianos. Aún caído el fascismo y vencido Mussolini, Livorno siempre fue distinto. El Calcio siempre fue de los poderosos. Los clubes buscaban crecer económicamente, ganar títulos, figurar. Por su parte, el Amaranto (como es conocido por sus hinchas), buscaba crecer como club, pero desde su base: defendiendo una forma de vivir, representando orgullosamente a los trabajadores y a los sectores más humildes. Desde y para el pueblo.


   Los símbolos del Livorno hablan por si mismo. Ver un partido en el Armando Picchi, su estadio, es ver una fiesta popular. Banderas con la cara del querido Ernesto “Che “Guevara, de Karl Marx, de Antonio Gramsci, de líderes partisanos, adornan cada partido. Los cantos de la hinchada no piden huevos o dejar todo, sino que reclaman por derechos para las minorías, denuncian los atropellos del capitalismo salvaje y claman contra cualquier tipo de discriminación.
   El máximo ídolo futbolístico del club es Cristiano Lucarelli, un hijo pródigo de la casa. Nacido y criado en Livorno, brilló por varios equipos de Europa, pero nunca olvidó sus raíces. Fanático del Amaranto, comunista y admirador del “Che” Guevara, siempre renegó de la fama y la fortuna. Llegó a prescindir de su sueldo para jugar en el Livorno. Todo un símbolo

  El Livorno enamora por su compromiso político, por su pertenencia. Pero es solo uno de los tantos ejemplos de clubes cuya pertenencia a la izquierda va más allá de solo palabras.

_Los Corsarios anti sistema
  ¿Puede un club de futbol ser la representación del antisistema? ¿puede una institución que participa de una Liga híper profesional y mercantilizada, levantar las banderas del anticapitalismo? ¿puede ser el lugar de encuentro de todos los que no quieren pertenecer? Claro que puede. Sino miremos al St. Pauli.
   Este mítico club alemán es la bandera de todos los que no quieren formar parte de un sistema devorador y perverso. Nacido en el distrito de Hamburgo, en la populosa y obrera ciudad de San Pauli, por obra y gracia de un grupo de trabajadores portuarios. Desde sus orígenes, su vinculación con los sectores populares fue total. Su particular color distintivo, el marrón (solo compartido en el mundo por Platense) tiene razón de ser en el mameluco de trabajo que usaban sus fundadores.
   Históricamente fue un equipo sin trascendencia en lo deportivo, pero que rompió las reglas de la formalidad y la dureza alemán. Fue la contrapartida perfecta de su vecino poderoso, el Hamburgo. Al St. Pauli se acercaban los humildes, los trabajadores. Y el St. Pauli fue creciendo en popularidad no por sus logros deportivos, sino por su presencia social y cultural.

  Por los años 30´, en pleno auge del Nazismo, el St. Pauli di una primera gran muestra de rebeldía y compromiso: fue el único club alemán que desafío al Führer, y acepto y contuvo a jugadores y socios de origen judío. Esa muestra de valentía le valió un reconocimiento popular que creció a escalas insospechadas.
   En los años 80’ llegaría la explosión y crecimiento definitivo del Freibeuter (“Los corsarios” en aleman, por su origen portuario). En una época del rebrote de la derecha en Europa, tanto política, económica y culturalmente, el St, Pauli fue el refugio de la contracultura. Ante los discursos de mano dura, xenofobia, homofobia, imperantes, el St. Pauli y sus hinchas enarbolaban las banderas de la igualdad. Ante el crecimiento y expansión de la economía liberal y del Dios Mercado, el St. Pauli bajaba el precios de sus entradas y sus cuotas sociales. Ante el surgimiento de grupos Skinheads y Ultranacionalista, el St. Pauli abrió sus puertas a todas las expresiones culturales, sin distinción de credo, raza u orientación sexual.

  Desde allí, el St. Pauli se volvió un club de culto mundial. Dicen que tiene mas de 20 millones de seguidores por todo el mundo. Todos representados por un club que se declaró anti fascista y anti capitalista. Que lucha contra la homofobia y el sexismo, tanto que no permite publicidad en su estadio de empresas que muestren a la mujer como objeto. Incluso, en un mural de su estadio, el Millerntor-Stadion, hay una imagen de dos hombres besándose, con la frase “lo único que importa es el amor”.

  Su hinchada es una fiel representante de esta institución. Las banderas con la imagen del Che, con la esvástica tachada, son acompañadas de lemas en apoyo a los refugiados y los inmigrantes, contra la explotación laboral y contra la discriminación en todas sus formas. Dificil no enamorarse del St. Pauli.
  Sigamos este recorrido cerca de Alemania, con otro equipo fascinante: el Red Star de Paris.

_El verdadero Paris
 El fútbol mundial mira pasmado la potencia económica del adinerado Paris Saint Germain. En una muestra casi obscena de ostentación y poder, el PSG sacude el mercado y arma planteles de lujo. Pero el verdadero futbol parisino brilla cerca del lujoso Parque de los Príncipes.
  En los suburbios del norte de Paris, más precisamente en  Saint-Ouen, se levanta el Stade Bauer, la casa del histórico Red Star de París. Este equipo, fundado el 12 de marzo de 1897, nada más y nada menos que por Jules Rimet, el creador de los Mundiales de futbol, es la antítesis del PSG. De origen humilde y proletario, lejos del glamour y los billetes, el Red Star FC es el equipo de la izquierda francesa.

  Sus hinchas se enorgullecen de ser tan distintos a sus vecinos. Mientras el PSG es seguido por los sectores de elite de la capital francesa, el Red Star juega a cancha llena en la 3ra categoría. El Stade Bauer rebalsa de trabajadores, de habitantes de los suburbios más humildes de Paris, que sienten un amor inmensurable por querido Verdiblanco.

  Para marcar la pertenencia de izquierda y popular de este equipo, basta con decir algunos datos. El estadio originalmente se llamaba Stade Paris, pero por pedido de los socios, paso llamarse Bauer, en honor a Jean-Claude Bauer, un medico comunista asesinado por los nazis. Entre los lemas de la hinchada, se destaca “encarnamos los valores del cinturón rojo comunista “, "venimos aquí para ver un fútbol auténtico", "lo que nos interesa es el ambiente" o "el dinero no lo es todo". Todo una forma de vivir la vida y el futbol. Además, en plena crisis migratoria , y ante los discursos xenófobos imperantes, el Red Star alzó su voz en defensa de los refugiados, dándole la bienvenida en invitándolos a usar las instalaciones.

  Para cerrar este capítulo (puede haber más) de clubes hermanados ideológicamente con la izquierda, vayamos a Grecia, y repasemos la historia de un club marcado por dos guerras: el AEK Atenas  

_ El refugio griego                                                                               
  Para contar la historia del AEK, necesariamente hay que hacer un repaso de dos conflictos bélicos: la Primera Guerra Mundial y el conflicto conocido como la Guerra greco-turca. Hacer un breve resumen de la 1er Guerra Mundial es muy difícil, ya que fue el desenlace bélico de un entramado de alianzas, ocupaciones y disputas territoriales y económicas de años. Pero se puede decir que fue un enfrentamiento entre dos sectores. El primero, las llamadas Potencias Centrales, liderados por los imperios Alemanes, Austrohúngaro y Otomano. Este último es o que hoy conocemos como Turquia. El otro bando, que resultaría vencedor, llamado los Aliados, comandado por Francia, el Imperio Británico y el Ruso, apoyados por EEUU, Japón, y entre otros tantos, Grecia.
  Con la victoria aliada en 1918, los derrotados vieron muy disminuido su potencia económica, y sobre todo, su presencia territorial. Y acá llegamos al segundo conflicto bélico. Como parte de su botín por participar, Grecia avanzó sobre territorio Turco, sobre la histórica Constantinopla (hoy Estambul). Este avance generó la llamada Resistencia Turca, que derivó en el conflicto que perduró entre 1919 y 1922. Fue sangriento, extremadamente violento y brutal, pero culminó con la victoria turca. Este resultado, generó una expulsión de casi un millón de Griegos, que estaban viviendo en tierras turcas.
  Y aquí comienza la historia del AEK. Es que esos miles de refugiados eran ahora excluidos por la gran parte de la comunidad helénica, que los veía como visitantes indeseados, como el espejo de la derrota.
  Los nuevos refugiados se volvieron una comunidad, y como toda comunidad necesita de un lugar de pertenencia, algo que los represente. Así nació el 13 de abril de 1924, el AEK de Atenas, cuyas siglas en griego significa “Unión Atlética de Constantinopla”.

  El AEK, desde su nacimiento, fue el club que dio refugio a los marginados, a los excluidos. Se convirtió en el club de referencia de los sectores, ya no refugiados políticos como en sus inicios, sino excluidos económica y/o culturalmente. Fue el club que abrazó las causas populares, los movimientos inclusivos, el antifascismo, los ideales de igualdad y unión de los pueblos. Desde su nacimiento, y para siempre, el Águila Bicéfala será el símbolo de la unión de todo el pueblo.
  ¿Mas muestras de su pertenencia popular y antifascista? En el 2013, un jugador del AEK, Giorgios Katidis, celebró un gol ante el Veria FC haciendo el gesto nazi. Ni lerdos ni perezosos, los ultras del club fueron a la zona de vestuarios terminado el encuentro, a repudiar al jugador y a exigir su expulsión de la institución. “Somos un club de refugiados y nos cagamos en los Nazis”. Tal fue el repudio y la presión de la hinchada, que no solo el club lo expulsó, sino que la Liga Griega lo suspendió de por vida. Así se lucha contra el fascismo