Muchos hitos históricos son gestados sin darse cuenta, los protagonistas, que están haciendo eso mismo, historia. En tiempos convulsionados de la nueva nación Argentina, en medio de la guerra de la Triple Alianza, que dejó de rodillas a Paraguay, y de sangrientas revueltas en el interior, que buscaba no bajar la cabeza ante el poder porteño, en Buenos Aires un grupo de hombres estaba por realizar un hecho maravilloso, que si bien no está en el salón de la fama de la historia argentina, tiene repercusiones que sobreviven hasta nuestros días y seguramente, perdurará en el futuro.
1867, 9 de mayo, un día importantísimo para la historia futbolística argentina. Ese día se juntaron Walter Heald y los hermanos, Thomas y James Hodd, para crear el primer club dedicado a la práctica del fútbol de Argentina y de sudamérica. Reunidos en la calle Temple al 38, lo que hoy en dia es el cruce entre las calles Reconquista y Viamonte, firmaron el acta de fundación del Buenos Ayres Football Club.
El 25 de mayo quisieron estrenar en nuestro territorio, la costumbre de correr detrás de una pelota, la brisa anunciaba malas noticias, los nubarrones aparecieron y la torrencial lluvia inundó el campito pegado al empalme de la estación de la Boca. La tempestad, como un ente malévolo, no pudo doblegar el espíritu de los hombres que sin mucho más que sudar un poco, lograrían hacer historia unos días después. Tuvieron que esperar hasta el 28 de ese mes para poder tener una probada de algo que nunca los dejaría, ni a ellos ni a muchas personas que vivirán en estas tierras. El hecho nos lo cuenta con lujo de detalles Walter Heald cuando escribo en su diario:
“28 de Mayo. Martes. Me levanté aproximadamente a las 6.10. Después de unos bocados de pan y mermelada me puse mi chaqueta y agarré la pelota de fútbol. Salí cuando estaba aclarando y en la estación Venezuela me encontré con los Hogg, T.B. Smith y su hermano y Boschetti, y fuimos a las 7 en punto a la Boca. Encontramos la cancha de fútbol muy inundada y muy corta. Yo era una masa de barro y humedad; enseguida nos juntamos con Ned Simpson y Pellew y jugamos un partido de cuatro por equipo, que fue muy duro para antes del desayuno [...] Al termino fuimos a la estación a tomar el tren de las 8.30 que nos llevó a la ciudad.”
A las claras, esos hombres mojados, embarrados y sudorosos tuvieron una pequeña dosis de esa cosa que mueve corazones y almas por todo el mundo. Tuvieron una muestra del fútbol, y este ya no podía esperar mucho más.
Pasó el tiempo y el 20 de junio en la cancha del Buenos Ayres Cricket Club, por fin rodó la pelota en un partido. La emoción era palpitante, pero en algunos casos perdió la pulseada con el temor. Muchos de los invitados a jugar no se animaron a entrar en el campo de juego por lo ridículos que les parecían los uniformes de jugador, vestimenta casi desconocida por aquellos tiempos en estos lares. Fue así que solo dieciséis valientes se animaron a entrar en contacto con el balón, divididos en dos equipos de ocho jugadores. Los players se diferenciaban entre los de gorra roja y los de gorra blanca. Estos últimos, liderados por lo hermanos Hogg, ganaron 4 a 0 en un partido que duró casi dos horas.
Para aquellos que vivimos el fútbol moderno hubiera sido muy interesante ver cómo se jugaba ese fútbol primitivo, todavía en modelación, que era llamado Football Association para diferenciarse del Football Rugby y donde la mano tenía un poco más de protagonismo. Así se terminaba de jugar el primer partido de fútbol en el país.
Ridículos y sudorosos, embarrados y sonrientes, tanto éxito tuvo el partido que se repitió nueve días después y otro más el 9 de Julio. No había vuelta atrás, la pelota había comenzado a rodar en Argentina y no pararía nunca más.
1867, 9 de mayo, un día importantísimo para la historia futbolística argentina. Ese día se juntaron Walter Heald y los hermanos, Thomas y James Hodd, para crear el primer club dedicado a la práctica del fútbol de Argentina y de sudamérica. Reunidos en la calle Temple al 38, lo que hoy en dia es el cruce entre las calles Reconquista y Viamonte, firmaron el acta de fundación del Buenos Ayres Football Club.
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| Invitación para definir las reglas del fútbol en nuestra región, ya se olfateaba que algo grande venía. |
El 25 de mayo quisieron estrenar en nuestro territorio, la costumbre de correr detrás de una pelota, la brisa anunciaba malas noticias, los nubarrones aparecieron y la torrencial lluvia inundó el campito pegado al empalme de la estación de la Boca. La tempestad, como un ente malévolo, no pudo doblegar el espíritu de los hombres que sin mucho más que sudar un poco, lograrían hacer historia unos días después. Tuvieron que esperar hasta el 28 de ese mes para poder tener una probada de algo que nunca los dejaría, ni a ellos ni a muchas personas que vivirán en estas tierras. El hecho nos lo cuenta con lujo de detalles Walter Heald cuando escribo en su diario:
“28 de Mayo. Martes. Me levanté aproximadamente a las 6.10. Después de unos bocados de pan y mermelada me puse mi chaqueta y agarré la pelota de fútbol. Salí cuando estaba aclarando y en la estación Venezuela me encontré con los Hogg, T.B. Smith y su hermano y Boschetti, y fuimos a las 7 en punto a la Boca. Encontramos la cancha de fútbol muy inundada y muy corta. Yo era una masa de barro y humedad; enseguida nos juntamos con Ned Simpson y Pellew y jugamos un partido de cuatro por equipo, que fue muy duro para antes del desayuno [...] Al termino fuimos a la estación a tomar el tren de las 8.30 que nos llevó a la ciudad.”
A las claras, esos hombres mojados, embarrados y sudorosos tuvieron una pequeña dosis de esa cosa que mueve corazones y almas por todo el mundo. Tuvieron una muestra del fútbol, y este ya no podía esperar mucho más.
Pasó el tiempo y el 20 de junio en la cancha del Buenos Ayres Cricket Club, por fin rodó la pelota en un partido. La emoción era palpitante, pero en algunos casos perdió la pulseada con el temor. Muchos de los invitados a jugar no se animaron a entrar en el campo de juego por lo ridículos que les parecían los uniformes de jugador, vestimenta casi desconocida por aquellos tiempos en estos lares. Fue así que solo dieciséis valientes se animaron a entrar en contacto con el balón, divididos en dos equipos de ocho jugadores. Los players se diferenciaban entre los de gorra roja y los de gorra blanca. Estos últimos, liderados por lo hermanos Hogg, ganaron 4 a 0 en un partido que duró casi dos horas.
Para aquellos que vivimos el fútbol moderno hubiera sido muy interesante ver cómo se jugaba ese fútbol primitivo, todavía en modelación, que era llamado Football Association para diferenciarse del Football Rugby y donde la mano tenía un poco más de protagonismo. Así se terminaba de jugar el primer partido de fútbol en el país.
Ridículos y sudorosos, embarrados y sonrientes, tanto éxito tuvo el partido que se repitió nueve días después y otro más el 9 de Julio. No había vuelta atrás, la pelota había comenzado a rodar en Argentina y no pararía nunca más.
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| Los periódicos porteños dedicados a los habitantes ingleses hacían eco del partido, donde por lo que podemos leer aparecieron ya los primeros craks. |

