Que hoy
el fútbol es propiedad del mercado no es una novedad. El merchandising es una
parte fundamental de los clubes. Hoy los jugadores tienen un precio, un valor.
Son mercancías. Valen tanto por sus cualidades técnicas y sus dotes
futbolísticos, como por su imagen, su capacidad de llegada al
consumidor/público/hincha y por su poder de reventa. Pocos son los clubes que
piensan solo en lo deportivo a la hora de contratar. Se fijan la popularidad,
la llegada en las redes , el rédito económico que se le puede sacar al jugador.
En este contexto cada vez más mercantilizado del fútbol, la imagen, el físico,
el aspecto de un futbolista, hace una gran parte de su futuro en la élite. Cada
jugador debe poder encajar (algunos más otros menos), en el estereotipo de modelo
publicitario. La imagen paso a ser (casi) todo.
Lejos, lejísimos, de esta actualidad
superficial y comercial, encontramos al querido Nobby Stiles. Un jugador inglés
poco conocido fuera del Reino Unido, pero amado en Inglaterra, y sobre todo en Manchester,
su casa. Protagonista del momento más glorioso de la Selección Inglesa y de los
primeros momentos de gloria de los Diablos Rojos, fue un jugador (y una
persona) que hoy no encajaría en ningún perfil de ningún manager general de un
club. Su historia merece contarse. La historia del jugador que le faltaban los
dientes, pero le sobraba personalidad.
_Roja la
sangre, rojo el corazón
En los suburbios de Manchester llegaba al
mundo un 18 de mayo de 1942, Norbert Peter Stiles. Nacía en un contexto muy
particular: Plena 2da Guerra Mundial, con una economía británica tambaleante, y
una ciudad poblada por una clase media trabajadora, muy golpeada por los
vaivenes económicos, y temerosa por el peligro constante de una invasión del
ejército nazi. En esa ciudad proletaria y sacrificada, vivía la familia Stiles,
que no desentonaba. El padre de Nobbie era un obrero que trabajaba casi todo el
día. Su madre, una típica ama de casa, que debió comenzar a trabajar en
diversos oficios para traer el pan a la casa. Y allí estaba el pequeño Nobbie,
creciendo en las calles, con chicos de su edad que le doblaban en altura, y
donde tuvo que aprender a hacerse fuerte e imponerse.
Desde chico se destacó del resto por dos
características: un aspecto físico poco agraciado (pequeño, algo narigón y poco
pelo) y una personalidad muy fuerte. Su carácter respondón y atrevido era
acompañado de un sentido del humor enorme, que lo hacía muy querido en su
barrio. Nobbie iba forjando su estilo.
El padre le transmitió dos aspectos
fundamentales que lo marcaron: el sacrificio y el trabajo duro para conseguir
los objetivos, y el amor incondicional por el futbol y (sobre todo) por el
Manchester United. Esa combinación llevo a un adolescente Nobbie a luchar para
perseguir su sueño: ser un futbolista profesional y triunfar en el United.
_En
busca del sueño
Hay que decir que el camino de Stiles en busca
de su objetivo no pintaba fácil. Nobbie no era un dotado técnicamente. Aunque
demostraba un despliegue físico y mucha inteligencia táctica, sus dotes con la
pelota no eras los más vistosos. Sus (pocas) cualidades técnicas lo llevaban a
jugar en la zaga (más en una época donde decir “un central elegante y de buen
pie” eran un oxímoron), pero sus características físicas parecían alejarlo:
medía 1,68mts, era más bien delgado y parecía fácil de derribar. Pero Nobbie se
había grabado el lema de su padre: el sacrificio y el trabajo duro para
conseguir los objetivos. Y fue en busca de su sueño.
Con 19 años, después de jugar en equipos
menores de la ciudad, se presentó a una prueba en su amado Manchester United.
Ya lo tenía decidido: era jugar allí o dejar el fútbol. En la primera prueba,
el joven Nobbie sorprendió al DT de los Diablos Rojos, el mítico Matt Busby. Tenía
frente a el a un desgarbado muchacho, bastante bajo, ya algo calvo (Stiles sufría
de alopecia desde los 15 años) y que jugaba con una dentadura postiza en la
mano. Es que Norbert había sufrido la pérdida de sus incisivos laterales y
frontales superiores, según cuentan, en parte por culpa de una pelea, en parte
por culpa de poca higiene dental.
Pero estas características físicas, se
combinaban en un jugador aguerrido, sacrificado, que no paró de correr durante
toda la prueba, y demostró una astucia increíble para la marca, y mucha viveza
para ganarle en el salto y la posición a delanteros corpulentos que le sacaban
varios centímetros.
Matt Busty quedo encantado con Nobbie. Stiles
sería jugador del Manchester. La historia comenzaba
_Una
pieza del engranaje
El debut de Nobby Stiles en su amado United
se dio en octubre de 1960. Era un equipo que combinaba algunos nombres de
experiencia, como el histórico Bobby Charlton, Noel Cantwell y Warren Bradley,
con muchos jóvenes. Esto se debía, principalmente, a que aquel Manchester estaba
en plena reestructuración luego del trágico accidente aéreo de 1958 en Múnich.
Busty, sobreviviente junto con Charlton y algunos otros históricos, fueron los
responsables de levantar un club que estuvo a punto de desaparecer. Ese punto
de inflexión que significó el accidente, fue también la oportunidad para muchos
jóvenes, como Nobby, de consolidarse en la primera.
Un luchador nato, un guerrero que hacía del
sacrificio su lema de vida, nunca iba a desaprovechar una oportunidad así. Rápidamente,
a pesar de tener tan solo 18 años, se fue ganando un lugar en el equipo. Se
convirtió en una pieza clave del engranaje. La visión de Busty hizo que Nobby
descubriera una nueva faceta. Salió de la cueva y pasó a jugar como una especie
de volante tapón más retrasado. Su función era clara: tenía que dedicarse a
anular al mejor jugador rival. Cual perro de presa, el desgarbado Stiles
perseguía a su rival desde el minuto 1, se convertía en su sombra. Con todo
tipo de artimañas y artilugios, generalmente lograba sacar del partido a los
más talentosos del futbol inglés.
De la misma manera que deslumbró a Matt Busty
en las primeras pruebas, Nobby llamó la atención de todo el futbol inglés. Un
joven desconocido, que había debutado hace poco, que parecía un hombre mayor, por
su aspecto pequeño, su calva y, sobre todo, por su falta de dientes. Esta
última, cuestión esta que parecía, más que avergonzarlo, ser un motivo de
orgullo. Hay que dar un dato: en esas épocas, era muy común que más de un
jugador tuviera problemas dentales. El futbol era mucho más rudo, y los avances
en cuanto a la higiene dental eran muy pocos. Pero todos, guardando cierta
imagen, jugaban con dentadura postiza. Nobby era el único que salía al campo
mostrando orgulloso su sonrisa desdentada.
Estas
características físicas, sumada a una cualidad notable para la marca y para
cortar los circuitos de juego, pronto hicieron de Nobby un jugador con nombre
propio. Y también pusieron en la órbita del Seleccionado Ingles. Los primeros
años de la década del 60, fueron del primer esplendor del Manchester United. En
1963, los Diablos Rojos conseguían la FA Cup, con un equipo que comenzaba a
tomar forma. Un Nobby Stiles ya consolidado, inamovible dentro del equipo, era
el equilibrio de un United que empezaba a convertirse en leyenda (eran los
primeros años de un tal George Best).
Llegaba el año 1966. El Manchester venía de
ser campeón de la Primera División, y el futbol entraba en parate: el Mundial
de Futbol, donde Inglaterra era anfitrión, estaba por comenzar. La Selección Británica
encaraba esta competición con doble obligación de ganarla: por ser local, y por
arrastrar años de frustraciones. En ese contexto de presión, comenzaba el
primero de los dos mejores años en la vida de Nobby.
_La
gloria, parte 1
La Selección Inglesa era comandada por Alf
Ramsey, un viejo conocedor del futbol inglés, que tomo las riendas luego de que
el mundial de Chile 1962 significara otra frustración inglesa. Sabedor de la
presión, recurrió a lo seguro. Copio la base del mejor equipo del momento. La
dupla ganadora del United sería la base de la Selección: el talento de Bobby
Charlton y el sacrificio descomunal de Nobby Stiles.
Inglaterra encaró una preparación algo
turbulenta. Los amistosos previos a la gran competencia no mostraban un gran
equipo, y más allá de resultados dispares, el juego ingles no terminaba de
convencer. Pero hubo un hombre que a los largo de esos partidos fue ganando
cada vez más el respaldo de Ramsey y el cariño de la afición: Nobby. Se
convirtió en un relojito para la marca y la presión, y si bien el juego no
brillaba, la Selección descansaba en los hombros de ese calvo sin dientes, que
aún en la mayor, y a pesar de toda la exposición, seguía jugando con su sonrisa
despoblada.
Así, con Nobby como estandarte del equilibrio,
la Selección de los Tres Leones comenzaba su mundial con las mismas dudas. Un
amargo 0 a 0 con Uruguay levantaba los murmullos del público. Cuenta la leyenda
que el vestuario ingles era una caldera. Ramsey cuestionaba la falta de
definición, el experimentado Bobby Charlton se quejaba de la falta de claridad
en el circuito de juego y el capitán Bobby Moore, reprendía por cierta falta de
actitud. Una pequeña y desgarbada figura se erige en el centro de cuarto, y con
una sonrisa que deja ver los huecos, grita: “Tranquilos, de acá en más, no nos
para nadie”.
Creer o reventar. La Selección Inglesa fue
una máquina. No desde el juego vistoso, sino desde el orden. Nobby se convirtió
en una pieza clave. Cual perro de presa, se ocupaba de destruir al rival, y
dejar que los talentosos de su equipo se luzcan.
Paso el grupo cómodo, con dos victorias ante
México y Francia por 2 a 0. En cuartos se cruzó con Argentina. Una (polémica)
victoria por 1 a 0 alcanzó para llegar a semis. Se venía una parada dura. El gran
Portugal del enorme Eusebio.
Los lusos venían desfilando por el mundial,
ganando todos los partidos con tranquilidad, y con Eusebio, la Pantera de
Mozambique, rompiendo redes y brillando. Pero la pantera se cruzó con Nobby.
Stiles fue la sombra de Eusebio. Logro
anularlo y llevarlo a su terreno, el de la rusticidad y el roce constante.
Inglaterra pudo vencer a Portugal, y Nobby fue la figura de la cancha. De
premio, se llevó toda la ovación de Wembley.
La final fue otra épica para Stiles. Enfrentó
a una selección Alemana potente y arrolladora. La delantera formada por Uwe Seller, Helmut Haller, Sigfried Held y Lothar Emmerich, más el
aporte de Franz Beckenbauer asustaría a cualquiera. Pero Nobby no era
cualquiera. Nuevamente brillo anulando a los tanques teutones, y fue
fundamental para que Inglaterra llegara a la cima del mundo por primera y única
vez. La victoria por 2 a 1 significó la gloria. Pero aún faltaba
_La
gloria, Parte 2.
Ser campeón del mundo, y encima con un papel
destacado y preponderante, sería suficiente para cualquier persona normal. Pero
Nobby Stiles nunca fue normal. En base al trabajo duro y al sacrificio, fue
logrando superar escollos. Logró superar los impedimentos técnicos y físicos,
llegando a Primera de su club amado. Se destacó tanto que llegó a la Selección,
y fue parte del equipo que conquistó el honor máximo a su país. Pero quedaba
algo más: algo que le debía a su padre, pero sobre todo a el mismo y a su
pasión: lograr que el Manchester United, su Manchester United, llegara a la
cima de Europa.
Luego del Mundial, el Manchester consiguió el
torneo de First División de esa temporada 66/67. Pero no pudo conseguir la Copa
de Europa. Nobby sabía que no podía pasar otro año. La generación dorada del
Manchester estaba en su apogeo, y el torneo 67/68 tenía que ser del United.
Matt Busty tenía en Nobby a su aliado en
campo. Su alegría, su garra, su entrega, eran una guía para el resto. La Copa
no se podía escapar. El torneo, con un formato muy distinto a lo que es la
actual Champions League, ya que no había fase de grupos, sino que se arrancaban
con cruces directos de ida y vuelta, en dieciseisavos. United comenzó el torneo
eliminando al Hibernians escoces, luego al Sarajevo en octavos, luego al Górnik
Zabrze polaco en cuartos y al poderosísimo Real Madrid en semis. El equipo era
un calco del juego de la selección campeona del mundo. Sin demasiado brillo,
pero mucho orden, basados en la entrega y la marca de Nobby y la magia de Bobby
Charlton y George Best.
La final pareció un nuevo guiño del destino
para Stiles. Enfrente estaba el Benfica, con su número diez, figura y goleador:
Eusebio. Otra vez la suerte cruzaba a la Pantera de Mozambique con Nobby. Otra
vez, nuestro calvo y desdentado amigo tenía la chance de brillar, a su manera,
como lo hizo en las semifinales del mundial ante Portugal, el partido donde se
ganó de una vez y para siempre, el cariño del pueblo inglés.
Nobby no desentonó. Volvió a anular a
Eusebio, nuevamente fue su sombra. El Manchester goleó 4 a 1, y se coronó por
primera vez como rey de Europa (el primer equipo inglés en conseguirlo).
Nobby Stiles había conseguido en dos años,
tocar el cielo con las manos. Entró para siempre en el olimpo del futbol inglés
y en la historia del club de sus amores.
El final de su carrera fue tranquilo y sin
sobresaltos. Se retiró de la selección
luego del mundial de México 70’ (donde fue suplente), y en 1971 abandonó su
Manchester querido (ante la protestas de muchos hinchas), para jugar un par de años en Middlesbrough, Charlton y
Preston North End. Se retiró en 1973, con solo 31 años.
Un hombre que había nacido para ser un
obrero, decidió que su vida sería distinta. Fue amo de sus destinos. Con una
figura de otros tiempos, fuera de todo estereotipo de belleza, nunca pensó en
su imagen. A base de trabajo y sacrificio, fue fundamental para cambiar la
historia del United y de Inglaterra. Un trabajador del fútbol, un distinto, un
fuera de serie. Un hombre con estilo propio. El estilo de Nobby.







